Cuando el 31 de julio de 2011 el restaurante El Bulli de Ferran Adrià cerró sus puertas, muchos fueron los que se echaron las manos a la cabeza. El chef catalán insistía que era una necesidad, que debía evolucionar… y así, diez años después ha resurgido de sus cenizas, cual ave fénix, y se ha convertido en El Bulli 1846.
El Bulli 1846 ya no es un restaurante, no es un centro educativo, ni un centro de investigación. Es un lab expositivo en el que estudiar, investigar y experimentar para generar conocimiento relativo a la eficiencia en innovación. Puede parecer complicado, pero es mucho más simple. La idea es que un grupo de trabajo profundice sobre un tema de estudio determinado, relacionado, eso sí, con el mundo gastronómico. Un equipo de 12 personas, dirigido por el propio Adrià. Los resultados obtenidos, se compartirán al mundo a través de diferentes formatos, incluido el de una exposición en el propio El Bulli 1846.
Se pretende que los resultados obtenidos sirvan a las pymes, microempresas y profesionales autónomos en su desarrollo y eficiencia. Y en ello, el antiguo restaurante El Bulli juega un papel fundamental. El aprendizaje adquirido durante sus años de funcionamiento, su logística, su concepto y su metodología son la base de este nuevo proyecto. Los valores y el espíritu del antiguo restaurante siguen en el ADN del nuevo EL Bulli 1846. Creatividad, innovación, riesgo, libertad, pasión, esfuerzo, honestidad y generosidad están muy presentes en esta nueva etapa. Una nueva forma de empezar, pero con la experiencia que da tener más de 30 años de historia. Una forma de compartir su experiencia pasada, presente y futura sobre la innovación.
A principios de este mes de abril se ha iniciado la segunda convocatoria, el segundo equipo de trabajo, que sigue con el legado de El Bulli restaurante. Una herencia que sirve como fondo documental del paradigma que cambió la gastronomía mundial. Su fin no es otro que generar nuevo contenido para el sector, que permita afianzar la gastronomía como disciplina académica y pueda ayudar a nuevos emprendedores.
Su ubicación sigue siendo la misma. La mítica Cala Montjoi de Roses sigue siendo el escenario de esta experiencia culinaria capitaneada por Ferran Adrià. El mismo escenario que se inició en 1961, cuando un matrimonio alemán compró un pequeño terreno junto al mar que pretendía ser un club de golf. Lo llamaron Bulli, en honor a sus perros de raza bulldog. Los años lo convirtieron en un chiringuito de playa, luego en un restaurante de comida para veraneantes, y finalmente en un restaurante que miraba hacia la alta cocina francesa, hasta que en 1976 consiguió su primera Estrella Michelin. En 1984 llegó a sus fogones un cocinero que revolucionaría su cocina, y la de todo el mundo. Era Ferran Adrià.
Largas listas de espera, cocina innovadora y creativa, reinvención cada año de platos nuevos, de delicias únicas… hasta que decidieron que no podían aspirar a más como restaurante. Lo habían conseguido todo. El siguiente paso era evolucionar hacia un nuevo concepto. Y ahí nació El Bulli 1846.
El nuevo centro alberga 4.000 metros cuadrados en un entorno único en el Cap de Creus. Un lugar que invita al estudio y a la reflexión. Una exposición que ocupará tanto espacios interiores, como exteriores. Que comprenderá elementos artísticos y divulgativos. Algunos estables y otros transitorios, según sea la evolución y el resultado de los equipos de trabajo.
Desde agosto del año pasado están trabajando a medio gas, hasta afianzar su método. Su puesta en marcha definitiva está prevista para el año que viene. Mientras tanto, El Bulli 1846 va marcando sus pautas. No hay dogmas, ni calendarios, ni horarios fijos, ni rutinas. Solo total libertad para crear.
© Imágenes El Bulli 1846